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Cuentos escoceses para niños: Las tres astutas vacas de las Tierras Altas

VisitScotland, Las tres astutas vacas de las Tierras Altas.

Érase una vez, tres vacas que vivían en las Tierras Altas de Escocia: una pequeñita, una mediana y otra más grande. Su hogar estaba junto a un hermoso valle a orillas de un lago profundo y oscuro.

El valle estaba lleno de frondosa hierba verde y a las vacas les encantaba comerla. Día tras día, desde el amanecer hasta el atardecer, comían y masticaban como grandes y peludas aspiradoras.

Eran unas vacas muy glotonas, por lo que pronto se habían comido hasta la última brizna de hierba. El que una vez fue un exuberante valle verde, ahora estaba vacío e inhóspito.

Pero ellas aún tenían hambre.

Al otro lado del lago, podían ver una pradera llena de frondosa hierba, balanceándose al son de la brisa. A las vacas se les hacía la boca agua solo de pensar en tanta deliciosa comida.

Pero sólo había una manera de llegar al otro lado del lago – cruzando un viejo puente de piedra en ruinas al borde de este.

Y en las oscuras profundidades del lago vivía un aterrador y terrorífico kelpie. El kelpie siempre estaba hambriento, y no había nada que le gustase más que unas sabrosas vacas de las Tierras Altas.

La vaca más pequeñita fue la primera en llegar al puente. Apartó el flequillo peludo de sus ojos para poder ver a la perfección y, con mucho cuidado, puso una pezuña primero y otra después en las frías losas del puente.

Pero no importa lo lenta o cuidadosa que fuera, que sus pasos y pezuñas aún resonaban en el valle.

De repente, se oyó una voz atronadora proveniente de debajo del puente.

“¿Qué clase de vaca causa tanto alboroto?”

El kelpie se elevó sobre el agua y las tres vaquitas, con su pelo negro cubierto de algas, sus ojos rojos color fuego y sus terroríficos dientes.

Con las pezuñas temblorosas, la vaca más pequeña chilló: “Lo siento, no pretendía hacer tanto ruido. Estaba de camino al otro lado del lago para encontrar algo de hierba para comer”.

El kelpie se rió. “No te muevas. Yo también tengo hambre – ¡y te voy a comer para cenar!”

“¡Oh no!” gritó la vaquita. “Yo soy pequeña. ¿Por qué no esperas a mi hermano? Es mucho más grande que yo y sabe mucho mejor”.

De repente, el kelpie glotón desapareció en el agua para así esperar por una cena mayor. La pequeña vaca de las Tierras Altas galopó sobre el puente hacia la pradera verde y fresca.

Su hermana y hermano vieron a la más pequeña comiendo y masticando felizmente en la pradera, haciéndoseles la boca agua. Ellas también querían probar un poco de hierba.

La vaca mediana se dirigió hacia el puente y comenzó a cruzarlo. Sus pezuñas chocaron con las piedras y resonaron en el valle cual trueno.

“¿Qué clase de vaca causa tanto alboroto?” rugió el Kelpie al elevarse sobre el agua.

La vaca mediana se detuvo frente a la boca del enorme Kelpie.

“Tan sólo estoy siguiendo a mi hermanita”, dijo en voz baja, “para poder comer hierba al otro lado del lago”.

El Kelpie resopló. “No te muevas. Yo también tengo hambre – ¡y te voy a comer para cenar!”.

“Oh no, seguro que no me quieres comer,” dijo la vaca mediana. “No soy lo suficientemente grande para llenarte. Espera hasta que llegue mi hermano mayor – él será la comida perfecta para una bestia tan grande como tú.”

El Kelpie se quedó pensando unos segundos y tras relamerse los labios, desapareció en las aguas del lago.

Respirando un suspiro de alivio, la vaca mediana cruzó el puente corriendo y empezó a masticar la hierba verde de la pradera con la vaca más pequeña.

La vaca más grande no podía esperar a cruzar el puente para reunirse con su hermano y hermana. Con sus cuernos bien altos, pisoteó el puente de piedra.

Sus enormes pezuñas golpearon el puente y el ruido resonó en el apacible valle.

El Kelpie salió rápidamente del agua, salpicando a la vaca.

“¿Qué clase de vaca causa tanto alboroto?” rugió.

La vaca dijo bien alto y claro: “Soy la vaca grande de las Tierras Altas; ¿quién eres tú?”

“Soy el Kelpie de este lago, y estoy muy hambriento. Te he estado esperando y ahora te voy a comer para cenar”.

El Kelpie saltó hacia el puente y galopó hacia la vaca, quien inclinó la cabeza y atacó.

Se encontraron en medio del puente, dónde la vaca atrapó al Kelpie con sus cuernos. Mientras ella rugía y golpeaba, él la arrojó desde el puente a las oscuras profundidades del lago.

El Kelpie desapareció causando una gran salpicadura y, con su orgullo y su cuerpo herido, no se le volvió a ver.

La vaca más grande sacudió las algas de sus cuernos, mantuvo su cabeza erguida, y cruzó el puente para unirse a su hermano y hermana.

La pradera estaba llena de hierba verde y exuberante y, desde el amanecer hasta el atardecer, la masticaban y comían como grandes y peludas aspiradoras. Pero las vacas habían aprendido la lección y, tras el primer día, comieron sólo lo necesario.

Las tres vacas de las Tierras Altas vivieron felices, saboreando la dulce hierba del hermoso valle, pero siempre prestando atención a las profundas y oscuras aguas del lago…

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