Tanto si su obra se centraba en un hombre como en un ratón (o incluso en un piojo), nuestro Bardo Nacional tenía un talento especial para ponerse en el pellejo de los demás y expresar emociones vitales universales.

Desde baladas tradicionales y románticas canciones a sátiras humorísticas y poemas que incitan a la reflexión, Robert Burns compuso algunos de los versos más fácilmente identificables tanto de poemas como de canciones.

Sus obras han sido aclamadas y recitadas con veneración durante los últimos dos siglos. De hecho, es debido a este gran hombre que cada Hogmanay, la fiesta de Año Nuevo, prometemos «llevar una taza de cordialidad» a nuestros vecinos y adentrarnos en el año que empieza con un sentimiento de fraternidad y esperanza para el futuro.

La vida de Robert Burns

Robert Burns nació el 25 de enero de 1759, una noche oscura de viento en el pueblo de Alloway, en Ayrshire. Murió tan solo 37 años más tarde, en su casa de Dumfries, de una enfermedad que, tristemente, hubiese sido fácilmente curable hoy en día.

A pesar de su corta vida, Burns dejó un enorme catálogo de poesía y canciones que han sido leídas y releídas, disfrutadas y recitadas durante más de 200 años. Sus palabras eternas han reverberado de generación en generación, y han inspirado a individuos de todas las profesiones y condiciones sociales.

Aunque dejó un enorme legado, los inicios de Burns fueron humildes. El mayor de siete hermanos, nació en una familia de agricultores que trabajaban en tierras arrendadas. A pesar de las dificultades de dinero, su padre reconocía la importancia de contar con una educación, y se aseguró de que, a la vez que trabajaban en la graja de la familia, sus hijos tuviesen la oportunidad de aprender a leer y escribir.

Robert mostró ya señales de un talento excepcional desde una temprana edad. A los 15 años escribió sus primeros poemas de amor, aunque no alcanzó la fama hasta 1786, a la edad de 27 años, con la publicación de su primera colección de poesía, Poemas Principalmente en el Dialecto Escocés. Esta obra maestra causó un enorme impacto entre la élite literaria de Edimburgo y convirtió a Burns en una celebridad.

En su vida personal, Burns dedicó cientos de versos al sexo femenino y llegó a tener 12 hijos, 9 de los cuales con su esposa Jean Armour. Era también un ferviente escocés. Pasó incluso varios años coleccionando y conservando canciones tradicionales escocesas para las futuras generaciones.

A pesar de su fama, Burns nunca olvidó sus raíces. Conservó su amor por sus orígenes campesinos durante toda su vida y en sus obras a menudo trataba de los problemas que afectaban a las clases humildes, enfatizando la necesidad de una mayor igualdad social. Todas estas influencias pueden observarse encapsuladas en sus bellas colecciones de poesías y canciones; su legado al mundo que perdura hasta nuestros días.

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