
Un grupo reunido en Edimburgo
© VisitScotland / Rob McDougall
La tradición cervecera en Escocia se remonta nada menos que al período neolítico. En sus inicios, la cerveza se elaboraba en lugares como Skara Brae, en las Orcadas, y la isla de Rum. Para darle su sabor distintivo y característico, los cerveceros utilizaban plantas locales como la ulmaria, el brezo y el mirto.
Ya en el siglo XII, muchos monasterios y conventos elaboraban cerveza de forma habitual, aprovechando la excelente calidad del agua de manantial de la región. Con el tiempo, Escocia se hizo famosa por su cerveza, con importantes centros de producción como Edimburgo y Alloa. Las cervezas escocesas se exportaban por todo el Imperio Británico, y el resto, como se suele decir, es historia.
Desde principios del siglo XXI, el movimiento de la cerveza artesanal ha vivido un auténtico auge. La introducción de nuevas leyes para pequeños productores permitió a muchas cervecerías innovar y experimentar. Hoy en día, la oferta de cervezas artesanales es enorme y está presente en tiendas, bares y restaurantes. Incluso existen festivales especializados y visitas guiadas a cervecerías, lo que convierte a este sector en una parte vibrante de la cultura gastronómica escocesa.



